Kasghar, una ciudad hecha mercado

Mié, 06/07/2017 - 14:06
kASGHAR

Descubrimos de primera mano los encantos de Kasghar (China) a través de su mercado de ganado de los domingos, símbolo de la edad dorada de la ciudad.

Mientras paseaba por los estrechos hutongs pequineses en busca de un restaurante local en el que disfrutar de un buen pato laqueado, me acordé de las palabras de un buen amigo sobre lo fantástico que era el Sunday Market de Kasghar (Xinjiang Province). Escuchar cómo hablaba de aquella ciudad crucial para la Ruta de la Seda, de su población, de sus rasgos culturales, del sabroso pan que cuecen a diario y de los excelentes pinchos de cordero que preparan en cada esquina me llevó a soñar cómo sería ese mercado y qué tendría de especial. Cansado de la polución de Beijing y llevado en volandas por la ilusión, decidí comprar un billete de tren a Urumqui, la capital de esta bella e indómita región autónoma, para conocer de cerca esta mítica urbe y vivir esa experiencia mercantil alejada del café, del periódico y de la terraza de cualquier domingo de nuestras vidas. Tras 4 días en tren cruzando todo el territorio chino de este a oeste llegué a Urumqui y me dirigí rumbo al sur –casi en la frontera con Pakistán– para llegar a mi destino. Los autobuses partían con frecuencia, así que decidí subirme al que tenía salida inmediata. Al poco rato estaba recorriendo el día y medio de distancia entre ambas ciudades aposentado en el camastro individual de mi sleeper bus. Más allá de los cristales sólo había desierto, la parte más fronteriza del mítico Taklamaklan. Al llegar a Kasghar, los aires imperiales de los grandes edificios de la parte vieja me transportaron a las muchas etapas políticas por las que ha pasado este enclave. De repente, del minarete de Id Kah parecía oírse al muecín de un califato cualquiera llamar a los fieles a la oración. Pero nada como constatar todo el esplendor comercial habido durante siglos, fruto de su envidiable ubicación geográfica entre Oriente, Asia Central y Europa.

kASGHAR

ENCUENTRO ANCESTRAL

El mercado del ganado del domingo, símbolo de lo que una vez fue esta ciudad, es una especie de reunión tribal uigur en la que podemos ver cómo se ponen en marcha las más creativas triquiñuelas comerciales. Ganaderos de todas las regiones de los alrededores se acercan con sus tractores cargados de bóvidos hasta el recinto ferial, un fangal lleno de abrevaderos, sacos de pienso y paja para los animales y carnicerías en las que cuelgan grandes piezas por trocear. El mejor mes para visitarlo posiblemente sea octubre, cuando añadimos al espectáculo todos los colores de la cosecha. La escena la completan los visitantes, los compradores, sus restaurantes y todo el elenco de trabajadores que este negocio reúne a su alrededor. Y de todo ello, lo más destacable y recomendable son los paseos arriba y abajo por las calles, poder fijarse atentamente en las bestias a la espera de que se acerquen sus propietarios para cantar las virtudes del animal y asistir a las arduas negociaciones, que en ocasiones pueden llegar a alargarse toda la jornada mientras las partes buscan un pacto que satisfaga por igual a comprador y vendedor. Esto es Kasghar los domingos, una vetusta y ancestral ciudad convertida en mercado, un lugar al que antiguamente llegaban mercaderes orientales desde el mismísimo Pakistán a través del paso entre montañas del Punjerab Pass o del Kirgistán y que, a pesar de la irrupción de los han, no ha perdido ni un ápice de su encanto, vida y buena energía. 

kASGHAR


Fuente: Transglobal